“Tenemos que entrar en una segunda generación de políticas públicas para volver al crecimiento. Estamos ante un fin de ciclo en el entorno internacional, y la única forma de afrontarlo es con una revolución de la productividad y una explosión de la innovación”, afirma la titular de la Secretaría General Iberoamericana, Rebeca Grynspan.

Ante la brusca desaceleración y el inminente fin de la financiación barata vía dólar, los mandatarios latinoamericanos siguen con atención la evolución de España y México, dos países que han acometido reformas profundas, y en algunos casos, desgarradoras. Aunque alabados por los organismos internacionales, especialmente el Fondo Monetario Internacional (FMI), ninguno puede lucir aún la vitola del triunfo.

Hay que abrirse al mundo”, ha señalado el presidente de Costa Rica, el historiador Luis Guillermo Solís, para quien el camino a seguir es meridiano: “Hay que apostar por las transferencias de tecnología, acabar con la monogamia mercantil y encadenarse a la economía global”.

Esta necesidad de apertura económica coincide con un fortalecimiento de las opiniones públicas, cada vez más exigentes e informadas. La transparencia, en opinión de los expertos, se ha convertido en una necesidad. No sólo para frenar la corrupción, que gangrena el 7% del PIB latinoamericano, sino para liberar el potencial económico. Un reto al que, según Grynspan, solo se puede responder con una agenda urgente que tenga en su base una apuesta educativa fuerte, de mejora de la calidad. “El cambio se está produciendo a una velocidad sin precedentes, está en marcha una revolución con las tecnologías digitales. No serán los recursos naturales los que decidan el futuro iberoamericano, sino el capital humano”, ha afirmado en Veracruz la presidenta del Banco Santander, Ana Patricia Botín, cuya entidad invertirá 945 millones de dólares en cuatro años en un programa de apoyo a proyectos universitarios en el área.

En la Cumbre, la receta para acabar con esta lacra no es del gusto de todos. En el continente se está abriendo una inmensa brecha. Este distanciamiento en los ejes latinoamericanos augura una época de fricciones. Nadie duda de que sea imposible la homogeneidad en la conducción económica de un área de 605 millones de habitantes (10% del PIB mundial), pero los mandatarios saben del poder curativo de las sinergias.

Fuente: El Pais


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